domingo, 24 de mayo de 2009

Luis Meléndez

Leo en el último número de la revista Descubrir el ARTE que el Museo del Prado ha organizado una exposición de Luis Meléndez que hará un recorrido en EEUU por la National Gallery de Washington, el County Museum of Art de Los Ángeles para concluir en el Museum of Fine Arts de Boston.
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Yo vi la exposición, desconozco si es la misma o no, que estuvo en 2004 en el museo, justo la semana después de los atentados del 11-M. Esta exposición viajó posteriormente a la National Gallery of Ireland, de Dublín.
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No conocía al autor, que aunque nació en Nápoles en 1716 se considera plenamente español pues su familia, todos españoles volvieron a España al año siguiente.
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Luis Meléndez empezó su carrera como miniaturista, pintando descriptivas escenas en los libros de coro de la Real Capilla durante algo más de cinco años, por encargo del rey Fernando VI.
Después, reinando ya Carlos III, se especializó en los bodegones, género en el que alcanzó una gran maestría.
Aunque lo intentó, nunca pudo obtener el nombramiento de Pintor del Rey y murió de manera oscura y aparentemente sin recursos, en Madrid, en 1780.
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En sus obras Luis Meléndez despliega formidables aciertos técnicos y evidencia excelentes efectos estéticos, siendo proverbiales sus dotes de observación, la habilidad a la hora de componer, el dominio de la luz, la expresividad del color, la firmeza del dibujo y una casi obsesiva precisión en los detalles, todo lo cual ha generado una profunda admiración en nuestros días.
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Extraído del folleto de la exposición
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Los bodegones de Luis Meléndez son sencillos y austeros frente al refinadísimo y espledoroso arte cortesano que brilla en porcelanas, cuberterías de plata, cristalerías, muebles y bordados, y también en los exquisitos y complicados platos que produce la cocina de palacio para los banquetes.
Por el contrario, Meléndez prefiere los comestibles y condimentos antes de ser cocinados, así como los utensilios en el momento anterior a ser empleados.
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Los elementos del bodegón reposan sobre una superficie sin más aditamentos frente a los muebles palaciegos, y el fondo, siempre, es una superficie negra que no distrae la vista de lo importante, el bodegón con un exquisito detalle.
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Poder de observación y detallismo llevados a un punto que incluso, en determinadas obras, se observan aspectos de las plagas en las frutas de la época, lo cual posibilita indagaciones en el terreno de la entomología y, cuando hay cacharros, descubrir la difusión de ciertos tipos de cerámica.
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El propio artista explica sus intenciones a Carlos III, aun cuando quien lo sancione sea su hijo, el príncipe de Asturias: "Componer un divertido gabinete con toda especie de comestibles que el clima español produce en dichos cuatro elementos".
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Recuerdo cuando estuve en el Rijksmuseum de Amsterdam y el enorme número de bodegones de la escuela flamenca que vi allí.
Me quedo con los de Luis Meléndez y no es chovinismo.
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